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Elena Silvestre

28 de Dicembre, 2016
Elena Silvestre

Como muchos de los estudiantes de Pachacútec, Elena no sabía que el día de su graduación se llevaría una gran sorpresa que no solo enriquecería su experiencia profesional, sino también la personal. Cuando escucho su nombre nos cuenta: “no lo podía creer, fue un momento como ninguno, yo estaba con mi hermana y ella se puso a llorar de la emoción, creo que recién lo asimilé unas horas después”.

“A pocos días del viaje estaba algo ansiosa, pues era la primera vez que viajaba sola y, además, fuera del país, mi familia entera estaba muy emocionada también, todos me brindaron su apoyo siempre” nos cuenta Elena.

Al principio, en su llegada al aeropuerto estaba algo confundida, porque era la primera vez que viajaba en avión “recuerdo que cuando llegué al aeropuerto, lo único que hacía era seguir a las personas que sabía que también iban a mi destino; cuando llegué y vi al maître con un cartel que decía mi nombre me puse muy feliz, fue un gesto demasiado lindo de su parte”.

Ya establecida en el restaurante, una de las cosas que más la impresionó fue el diseño del restaurante “es genial, totalmente fuera de lo común, parece una cabaña por la madera, además de su estructura; no había visto algo parecido nunca”

El primer mes en su pasantía recibió un entrenamiento, que estaba dirigido a todos los nuevos practicantes y tenía como fin enseñarles las técnicas y la forma de organización que se maneja dentro del restaurante, “aprendí a ordenar los manteles, los utensilios, como distribuirnos el trabajo, así como la distribución de tiempos para atención al cliente, etc”. Asimismo, Elena nos dice que había practicantes de Brasil, México y de otros lugares de España, con quienes se llevaba muy bien y logró formar una bonita amistad en el transcurso de su pasantía”.

Una de las cosas que al principio le costó, fue aprenderse la carta del restaurante: “en el Menú Degustación había entre 25 y 28 platos, y varios de los insumos no los conocía o tenían diferentes nombres, que no se utilizan en Perú; además de debíamos aprenderlo en otros idiomas: inglés, francés y eureka” fue todo un reto para ella.

Por otro lado, llamó su atención que en comparación a lo que usualmente se acostumbra en la carrera de servicio que es que solo un camarero atienda una mesa, en Mugaritz varios camareros se dedican a una sola mesa al mismo tiempo; esto le ayudó a darse cuenta que, de esta manera, se ameniza la atención a lo comensales.

La experiencia vivida durante su pasantía, le trajo un aprendizaje muy rico en el ámbito personal: “al principio era un poco tímida y me faltaba seguridad al dirigirme a los comensales, pero al ver que estos eran siempre muy amables con los que estábamos alrededor fui ganando más confianza y seguridad en mi misma y pude realizar mis actividades sin ningún problema”.

“En estos nueves meses de pasantía no solo he ganado más confianza en mí misma, sino que también me he vuelto una persona más responsable en varios aspectos; ha sido un cambio y crecimiento personal increíble, ha sido el mejor tiempo invertido”

En sus ratos libres, que eran los domingos en la noche y los lunes todo el día, aprovechaba para pasear por los lugares de la ciudad. Elena nos cuenta: “fui una tres veces a la playa, hacia bastante calor y corría un poco de viento a la vez, el agua era limpia y casi transparente, realmente hermoso”. Sin embargo, hubo cosas de Perú que extrañó durante su viaje, además de su familia, y fue la comida “allá comer arroz es
poco usual, no sabes cuánto extrañaba el arroz (…) a veces cocinaba estofado con los ingredientes que podía conseguir”.

Toda la experiencia que vivió, nos comenta Elena, fue muy enriquecedora y planea compartir todo lo aprendido en su pasantía con todos los que pueda.

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